Barras Bravas: del graderío a la mesa del debate


Por: Domingo Valencia & Jefferson Sanguña

Sumario


Forman parte de la fiesta del fútbol. Sus cánticos, silbidos y banderas ayudan a colorear los escenarios deportivos. No obstante, su papel se ha ido deteriorando por los distintos actos violentos que han provocado en los últimos años. Por eso, su ingreso a los estadios de fútbol está en la mesa de la polémica.


Vivir y sentir el fútbol


Era una noche fría, una de las tantas que Quito tiene. Una noche donde el cielo empezaba a despejarse y donde la lluvia ya no tenía boleto de entrada al estadio; y aunque el viento soplaba con fuerza, el calor del ambiente deportivo opacaba todo vestigio de frío. Sin embargo, quienes sí tenían una entrada para ingresar al escenario deportivo era la gente apasionada por el fútbol. Esa gente que lo único que quiere es disfrutar de un encuentro deportivo.
Faltaban alrededor de 10 minutos para que comience la novena fecha del Campeonato Nacional entre Independiente del Valle y Barcelona Sporting Club. El estadio “Gonzalo Pozo Ripalda”, casa de Sociedad Deportiva Aucas que actualmente juega en la serie B del Campeonato Nacional, estaba en silencio. No había el ruido característico que tiene un encuentro en América Latina. Ese sonido de las denominadas “Barras bravas” que ambientan cada partido. Bueno, quizá era cuestión de minutos para que empezaran a cantar. Mientras tanto lo único que se escuchaba era a las vendedoras del estadio. ¡Café, cafecito caliente! ¡Dos un dólar las de morocho!¡Lleve calientitos los heladitos!¡Pura vitamina, pura energía. Maní saladito! Y al fondo un sonido que anunciaba a los jugadores que saldrían al campo de juego.
Ya no faltaba casi nada. Era cuestión de esperar. Hasta que de pronto una canción salía del graderío de la general norte del estadio. “Un solo ídolo tiene el Ecuador, Barcelona campeón…”. Era la famosa “Sur Oscura” de Quito. La barra insigne del equipo torero empezó a cantar mientras los equipos salían al campo de juego. A su vez, por la puerta de acceso a la zona de “Palco” del estadio llegaba José Francisco Cevallos, Presidente de Barcelona. Algunos hinchas pronto lo vieron y se acercaron a saludarlo y a pedirle una que otro foto para postearla en alguna red social. “Pancho” Cevallos, muy amable, accedía a los pedidos. Los barcelonistas no estaban molestos con él luego de haber prohibido el ingreso de la barra “Sur Oscura” al estadio de Barcelona en Guayaquil. A primera vista, la decisión que Cevallos había tomado era aceptada por algunos fanáticos toreros. El pitazo inicial volcó la atención de la gente hacia el partido. Todos sentados con las manos inquietas veían cómo sus equipos jugaban. Gritos iban y venían de todo lado. Asimismo, cada cántico que salía de la barra del Barcelona era captada por la gente que se encontraba en otra localidad del estadio. Se unían a la letra de la canción y en una sola voz cantaban con más fuerza. El primer tiempo terminó sin goles y los jugadores se retiraban a los camerinos.
En el entretiempo, todos los hinchas se transformaban en Directores Técnicos y analizaban. Las Barras bravas dejaron de cantar y se sentaron a descansar. Sí, digo “las” porque de Independiente del Valle también había hinchada, pero es necesario mencionar que el grupo de ellos era pequeño. El descanso se acabó y los equipos salían a la cancha de nuevo. Las barras empezaban a alentar otra vez. Eso sí, la “Sur Oscura” opacaba los cánticos de los hinchas de Independiente. Se vivía una fiesta. Gritos por aquí y cánticos por allá. Solo faltaba un gol para complementar el espectáculo.
Al minuto 65 tras un tiro libre ejecutado por el jugador de Barcelona, Matías Oyola, el balón se metió en el arco del Independiente del Valle. Las emociones salieron, las gargantas explotaron y el grito de “gol” se adueñó del estadio. Todos los fanáticos del equipo torero plasmaban sonrisas en sus rostros. 10 minutos después el segundo gol llegó y la gente irradiaba de emoción. Cuando de pronto de a poco una canción empezaba a entonarse. “De día viviré vistiendo la amarilla…” eran todos los hinchas del Barcelona que cantaban a todo pulmón. Tanto el partido como el espectáculo se pintaron de amarillo y el equipo torero ganó. El ambiente era único. Propio de un partido de fútbol. Recordaba los cantos de las barras de distintos equipos: “Yo te daré, te daré Liga hermosa (…)”, “Nacional es la gloria del fútbol (…)”, “Y ya lo ve ya lo ve, es el equipo de Emelec” y pensaba en el color que le dan a los encuentros. Un ambiente único que envuelve al público, a los jugadores y al fútbol, pero que no debe transformarse en violencia como ha ocurrido en el último siglo.

El fútbol con hinchada


Vivir el fútbol, pero no sentirlo


Dos días más tarde jugaban la Universidad Católica de Quito contra Fuerza Amarilla de Machala en el estadio Olímpico Atahualpa.. Estos dos equipos disputarían su encuentro en un horario poco habitual para el fútbol de Quito. Domingo, 4 de la tarde. Los pocos hinchas que se acercaban al estadio buscaban presenciar un encuentro entretenido y con muchos goles. Todos llegaban con chompa porque, aunque antes del partido hacía sol, sabían que al momento de terminar, el clima iba a ser muy diferente.
Cuando la Universidad Católica juega de local en el Atahualpa, lleva sus pocos hinchas. Aquellos que sin importar el rival están siempre ahí. No importa si son 100 o 10 mil. La gente que está cercana al fútbol sabe que el ‘trencito azul’ no lleva muchos hinchas al estadio. Y peor los equipos visitantes como Fuerza Amarilla o el Delfín. Uno sabe que cuando le va a ver a la ‘chatoleí’ va a ver buen compromiso. Poco a poco se acercaba la hora del partido pero no entraba más personas Los jugadores de la Católica estaban acostumbrados a jugar con pocos hinchas en las gradas en la mayoría de sus partidos, a menos que reciban a Liga, Barcelona o Emelec.
La Universidad Católica no tiene una barra brava como varios equipos si la tienen. El equipo de la capital tiene varios hinchas fieles que llevan un par de bombos para cantar a lo largo del partido. Sin duda, es un ambiente distinto al que se vivió el viernes en el Independiente-Barcelona. No se está cantando todo el encuentro, no se prenden bengalas, no se tiran objetos a la cancha ni a los rivales. Pero sobretodo, no se insulta al rival en los cánticos. Los hinchas de la Católica o de Fuerza Amarilla se dedican a lo suyo: a apoyar a su equipo y gritar los goles, nada más.
Los hinchas en el Ecuador están más pendientes de lo que pasa con sus rivales que con ellos mismo o su equipo. Resulta inverosímil esta situación pero es la realidad. Hay pocos partidos a lo largo del campeonato ecuatoriano de fútbol donde las barras bravas no sean protagonistas por situaciones adentro o afuera del estadio. En la misma fecha del campeonato, se pueden vivir dos ambientes totalmente distintos. Sin duda que, para el espectáculo, es mejor que haya la mayor cantidad de gente que se pueda en los estadios. Cantando, saltando, sufriendo y festejando. Pues actualmente, resulta complejo concebir un partido de fútbol sin barras bravas en los estadios. No por la violencia que puedan generar, sino por el ambiente que proporcionan y por la cultura latina que nos envuelve.

Archivo


Mapa de las hinchadas


Infografía

Créditos


Investigación y Contenido: Domingo Valencia & Jefferson Sanguña

Programación y Diseño: Juan Camilo Sus